¡Bienvenidos en Cerdeña!

“no se parece a ningún otro lugar […] es otra cosa: más amplia, mucho más habitual, por nada irregular, que sin embargo desvanece en lejanía […] La Cerdeña está afuera del tiempo y de la historia.”

D. H. Lawrence, “Mar y Cerdeña” (1921)

Decir en una breve presentación acerca de la Cerdeña algo que no se haya ya pronunciado es un reto muy difícil, entonces no queda más que tratar de sintetizar algunas impresiones de viaje. Braudel sostiene que el Mediterráneo es “ante todo, un mar entre montañas”. Si invertimos los elementos, esta definición para la Cerdeña parece caber perfecta: a primera mirada se parece mucho a un enorme macizo de montañas surgido en medio del mar. Y en efecto lo es, pero esta es mucho más de una simple característica geográfica: esta grande isla, la segunda del Mediterráneo por extensión, debe propio a su particular morfología, a su posición central en el “continente líquido” y a su distancia desde la tierra firme una historia compleja como la suya y la conservación de esas características que la han convertida en un pequeño mundo aparte; este enlace tan peculiar entre ambiente, historia y cultura es realmente perceptible cuando uno se encuentra ahí incluso por sólo un breve período.

Una buena manera para conocer la Cerdeña es pedir consejo a quien vive ahí: a menudo conocerán fiestas y lugares que ya son destinos consolidados de giras o excursiones diarias pero que no aparecen en las guías turísticas quizás también porque es justo que algunas cosas sean descubiertas por sí mismo. Por el resto, su naturaleza es a veces áspera y salvaje, a veces dulce y maleable pero siempre hermosísima; restos arqueológicos de varias eras están diseminados un poquito por todas partes a veces entrelazandose entre sí y confundiendose con los elementos naturales en composiciones únicas; luego, desde el punto de vista folklórico casi cada barrio hace estado aparte, con grande provecho por la variedad de dulces, panes, quesos y mucho más.

Algunas ciudades, como Cagliari, hermosa y vivaz ciudad portuaria, o Alghero, enclave catalana en tierra sarda, quizás la más hermosa ciudad de la isla, son los destinos ideales para el fin de semana, gracias a conexiones aéreas cómodas y económicas, sin embargo se prestan también a estancias más largas que dejen el tiempo para visitar los alrededores. Y luego, ínutil dar vueltas, el mar. Las costas de la Cerdeña están consideradas entre las más hermosas en todo el Mediterráneo y sus aguas entre las más transparentes y es esta por cierto la razón principal por la que cada año millones de personas la convierten en destino de sus vacaciones.

Pero no es la vacación con fijo asentamiento en una “risueña localidad de veraneo” (además, quién sabe por qué deberían ser todas risueñas estas localidades?) la dimensión más cónsone a una región como la Cerdeña, cuanto aquella del viaje itinerante, también en pequeñas etapas, quizás disfrutando de la risueña localidad como base desde la que moverse para explorar el interior de la isla y llegar en rincones de costa salvaje menos conocidos.

En Cerdeña hay algunas carreteras que son de verdad hermosísimas, a menudo desertas también en pleno verano y que a cada curva regalan panorámicas impresionantes. Pues sí, es verdad, puesto así parece una pelicula americana “on the road”, pero pueden estar seguros que merecen de verdad, porque a veces también en el espacio de pocos kilómetros se concentran paisajes entre los más variables y porque – Salvatores enseña, y ahora ya se sabe – en el Mediterráneo hay siempre “un pueblo detrás de las sábanas tendidas” que merece la pena descrubrir.

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